Edgardo Muñoz

La actividad agrícola debe adaptarse a condiciones meteorológicas cada vez más variables, que pueden alterar la planificación de las labores en terreno y las necesidades hídricas de los cultivos. Frente a este escenario, contar con información oportuna resulta clave para ajustar las operaciones y aprovechar de mejor manera los recursos disponibles.


Según el Pronóstico de Caudales de Deshielo de la Dirección General de Aguas (DGA), publicado por el Ministerio de Obras Públicas en septiembre, la disponibilidad de agua entre Atacama y Ñuble para el período septiembre de 2026 a marzo de 2027 se proyecta, en promedio, un 82% por sobre el mismo período de 2025. Sin embargo, entre Valparaíso y la Región Metropolitana persisten condiciones moderadamente deficitarias respecto de los promedios históricos, lo que evidencia la importancia de gestionar el recurso según la realidad de cada zona.


En este escenario, el desafío para los productores no se limita a la disponibilidad de agua, sino también a cómo gestionar el recurso frente a condiciones climáticas cada vez más variables. Las lluvias pueden modificar las necesidades de riego de los cultivos y las condiciones del suelo, mientras que los eventos intensos pueden afectar la operación en terreno. Por ello, contar con una planificación flexible y herramientas que permitan ajustar las decisiones según las condiciones reales resulta clave para enfrentar la temporada.


En este contexto, la telemetría y la automatización permiten monitorear variables como caudales, presión y humedad del suelo, facilitando la detección de desviaciones y la realización de ajustes según las necesidades de los cultivos.


“Hoy, la eficiencia del riego no depende solamente de contar con infraestructura adecuada, sino también de disponer de información oportuna para tomar mejores decisiones. La telemetría permite conocer qué está ocurriendo en el sistema y actuar antes de que una falla afecte la operación o el desarrollo del cultivo”, explica Nicolás Zepeda Espejo, experto en riego de Dripsa.


Menos labores rutinarias y mayor capacidad de respuesta


Además de contribuir al uso eficiente del agua, estas tecnologías permiten reducir desplazamientos y tareas de inspección presencial, optimizando las horas hombre y liberando tiempo para labores de mayor valor. El monitoreo continuo también facilita identificar interrupciones en el suministro o variaciones en el funcionamiento de los equipos, acortando los tiempos de respuesta ante posibles fallas.


La incorporación de estas herramientas debe ir acompañada de una planificación preventiva que considere la revisión de bombas, filtros, válvulas y redes de distribución antes de los períodos de mayor demanda. La mantención oportuna, junto con el monitoreo de los parámetros de funcionamiento, permite reducir el riesgo de interrupciones y detectar problemas antes de que comprometan la continuidad de las labores agrícolas. De esta manera, la tecnología complementa el trabajo técnico en terreno y contribuye a una gestión más ordenada de los recursos.


Frente a las precipitaciones, la información recopilada puede ayudar a ajustar la programación del riego y evaluar cuándo retomar la operación, de acuerdo con las condiciones del suelo y los requerimientos de cada cultivo. Si bien la tecnología no evita los daños causados por lluvias intensas o granizadas, sí aporta herramientas para planificar y tomar decisiones con mayor precisión.


“Más que automatizar por automatizar, el desafío es avanzar hacia una gestión preventiva y planificada. Contar con información confiable permite utilizar mejor el agua, anticiparse a posibles problemas y fortalecer la eficiencia operacional en una temporada clave para la producción agrícola”, concluye Zepeda.

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