El renacimiento de Disney en los años noventa nos regaló algunas de las partituras más memorables de la historia del cine, pero pocas películas lograron la proeza atmosférica de Aladdín (John Musker y Ron Clements). Agrabah no es simplemente un decorado plano extraído de Las mil y una noches; es un organismo vivo, ruidoso y desbordante que se mete por los ojos y se respira en la piel. Volver a esta obra maestra es redescubrir un universo hiper texturizado que utiliza los cinco sentidos como la verdadera alfombra mágica para transportar al espectador al corazón de un Oriente eterno y vibrante.