Cuando un personaje pasa dieciocho años confinado en una torre, el mundo exterior no es solo un concepto geográfico; es un choque biológico. El gran acierto de Enredados (Nathan Greno y Byron Howard) no radica únicamente en su brillante actualización del cuento de los hermanos Grimm o en su carismático ritmo de comedia musical, sino en cómo utiliza la tecnología digital para hacernos partícipes de un despertar sensorial absoluto. La película opera como el viaje de una mente descalza que, al romper su aislamiento, redescubre el peso, el sonido y la vibración de la realidad. A través de Rapunzel, Disney nos regala una obra profundamente táctil y visual que nos recuerda qué significa estar vivos.