A las puertas del nuevo milenio, Disney experimentó una de las crisis creativas más accidentadas y milagrosas de su historia. Lo que originalmente iba a ser una epopeya musical y mística al estilo de El rey león, terminó convirtiéndose, tras un colapso en la producción, en una comedia de ritmo frenético y humor caricaturesco. Las locuras del emperador (Mark Dindal) es, posiblemente, la película más hilarante y desinhibida del estudio. Pero detrás de romper la cuarta pared y los chistes de Kronk, se esconde una obra de una fisicidad y un mapa sensorial arrolladores. La cinta es un viaje cinético que utiliza los cinco sentidos para marcar el violento y divertido choque entre el exceso sintético del poder y la reconfortante, rústica y honesta realidad de la vida en el campo.