Pia Arismendi

Cuando la primera entrega de Zootopia llegó a las pantallas, el foco estaba en el prejuicio sistémico y la superación de los techos de cristal. Sin embargo, Zootopia 2 se atreve a ir más allá de la sociología para adentrarse en la psicología profunda. La película ya no nos pregunta cómo convivir con el "diferente", sino cómo cuidar a quien tenemos al lado. 


La Responsabilidad Afectiva como eje narrativo   


El conflicto central de esta secuela no nace de una conspiración criminal, sino de las grietas en la comunicación entre Judy Hopps y Nick Wilde. La película introduce magistralmente el concepto de responsabilidad afectiva: la capacidad de hacerse cargo del impacto que nuestras acciones y palabras tienen en los demás. 


A través de una trama que involucra la llegada de nuevos personajes que desafían la dinámica del dúo, la narrativa nos enseña que: 


La honestidad no es "sincericidio": Judy aprende que ser clara sobre sus expectativas no es una carga para el otro. 


El espacio del otro es sagrado: Nick, por su parte, debe lidiar con sus mecanismos de defensa (el sarcasmo y la evasión) para permitirse ser vulnerable, entendiendo que el compromiso no es una jaula, sino un refugio. 


"Zoo": El himno de la conexión animal (y humana)   


Uno de los puntos más altos de la película es, sin duda, el regreso de Gazelle con el tema "Zoo", interpretado por Shakira. A diferencia de "Try Everything", que era un himno a la resiliencia y al esfuerzo, "Zoo" es una pieza mucho más madura y rítmicamente compleja. 


La metáfora del ritmo: La canción utiliza una base de percusión orgánica que simula los latidos de un corazón, subrayando que, bajo el pelaje o las escamas, todos compartimos la misma pulsión vital. 


La letra: Shakira canta sobre "perderse en la selva del otro para encontrarse a uno mismo". Es una oda a la interdependencia saludable. "Zoo" nos dice que vivir en sociedad (o en pareja) es un baile donde si uno pisa al otro, la música se detiene. Es pegajosa, sí, pero tiene una carga filosófica sobre la convivencia que se queda grabada mucho después de que terminan los créditos. 


Enseñanzas para una generación "hiperconectada" pero aislada   

La película nos deja lecciones que trascienden el cine infantil: 


Validación emocional: Ningún sentimiento es "demasiado pequeño", ni siquiera para una musaraña. Reconocer el dolor ajeno es el primer paso para la paz social. 


El perdón no es olvido, es reparación: La cinta muestra que reparar un vínculo dañado requiere más valentía que simplemente "seguir adelante". 


Límites saludables: Aprender a decir "no" o "hasta aquí" es presentado como el acto de amor más grande que uno puede tener hacia sí mismo y hacia la comunidad. 


Zootopia 2 es una rareza en el cine de animación contemporáneo: una secuela que supera a su predecesora no en escala de acción, sino en profundidad emocional. Nos recuerda que la verdadera civilización no se mide por la tecnología de nuestras ciudades, sino por la delicadeza con la que tratamos el corazón de quienes nos rodean. 


Es una película necesaria para niños que están aprendiendo a sentir y para adultos que, a veces, olvidamos cómo cuidar.

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