Solemos cometer el error de creer que el mundo entra exclusivamente por los ojos. Cuando intentamos describir la belleza de lo cotidiano, nos aferramos desesperadamente a la dictadura de los colores y las formas. Pero, ¿cómo se le explica la existencia de un gato a alguien que percibe la realidad prescindiendo de la vista? No se puede hacer con un lienzo; se tiene que hacer con partituras, con texturas y con instantes.