A finales de los años ochenta, Disney se encontraba en una encrucijada histórica. La respuesta a sus plegarias llegó desde el fondo del mar. La Sirenita (John Musker y Ron Clements) no solo salvó al estudio de la animación de la irrelevancia; redefinió el musical cinematográfico moderno. Sin embargo, más allá de las pegajosas melodías de Alan Menken y Howard Ashman, el verdadero triunfo de esta obra maestra radica en su increíble elocuencia sensorial. La película es un festín húmedo, vibrante y texturizado que utiliza los cinco sentidos como el verdadero puente para conectar dos mundos aparentemente irreconciliables.
Hay una escena que se repite en organizaciones de todos los tamaños. Un líder observa a uno de sus colaboradores y siente que algo ha cambiado. No ha ocurrido una crisis evidente ni una discusión importante. La persona sigue llegando a tiempo, cumple sus responsabilidades y entrega sus resultados. Desde afuera parecería que todo funciona con normalidad, pero quienes lideran personas saben reconocer cuando alguien ya no está realmente presente.
A menudo, quienes ven cometen el error de creer que las cosas "son" como se miran. Dicen que una pared es "blanca" o que una mesa es "de madera". Pero la vista es una descripción superficial, una etiqueta lejana. Para conocer la verdadera esencia de un objeto, hay que dejar de mirarlo y empezar a sentirlo. Las texturas no son solo superficies; son estados de ánimo de la materia, una sinfonía que se toca con las yemas de los dedos.
Antes de subir a un escenario, Jai Ramos subió a un avión militar. Hoy, el cantante puertorriqueño y veterano del Ejército de los Estados Unidos estrena "Cuando a tus ojos mire", un sencillo de salsa romántica que no nace de la ficción, sino de una historia real —y que ya se perfila como una de las piezas más honestas del género en lo que va del año.
En el año 2010, una nueva firma irrumpió en el monopolio de la animación con una propuesta que apostaba por el humor físico de los dibujos animados clásicos (looney tunes) combinado con una estética de espionaje retro. Gru: mi villano favorito (Pierre Coffin y Chris Renaud) se convirtió en un éxito planetario instantáneo. Sin embargo, detrás del carisma amarillo de los Minions y el ingenio de los artefactos de maldad, se esconde una película que se experimenta con el cuerpo. El verdadero triunfo del filme radica en cómo utiliza el mapa sensorial para trazar el deshielo emocional de su protagonista: un viaje que transita de la rigidez fría y metálica de la villanía hacia la calidez blanda, ruidosa y caótica de la paternidad.