Hay una palabra de dos letras que muchos evitan como si quemara: “no”. No a la tarea extra que llega un viernes a las seis de la tarde. No al proyecto que no te corresponde. No al mensaje que puede perfectamente esperar hasta mañana. Decimos que sí porque tenemos miedo. Miedo a parecer poco comprometidos, a quedar mal, a perder el trabajo. Y ese miedo tiene un costo enorme: nos agota.