Caminar por el Persa Bío-Bío es un ejercicio de rendición sensorial, pero hay días en que el laberinto de galpones decide jugar en otra liga. Días en que no vas a buscar objetos, sino que son las historias las que salen a cazarte a ti. Me pasó hace poco, mientras recorría esos recovecos donde el tiempo parece suspendido entre percheros y nostalgia. Pasé por el lado de unos vestones antiguos, gastados por vidas ajenas, y de pronto ocurrió: el aroma de mi padre me recorrió por completo, suspendido en el aire, tocando hasta la fibra más profunda de mi ser.