Cada 4 de marzo, el Día Mundial de la Obesidad nos invita a detenernos y reflexionar sobre una realidad que ya no puede seguir siendo ignorada. La obesidad no es una moda, ni una debilidad individual, ni una simple consecuencia de malos hábitos: es una enfermedad crónica, compleja y progresiva, profundamente influida por el entorno en el que vivimos.