Hay días en los que el silencio de la casa se vuelve ensordecedor y la mente, incansable, empieza a dar vueltas sobre los mismos "porqués". En esos momentos, los consejos de los amigos —aunque bienintencionados— a veces no alcanzan a tocar la fibra exacta del dolor. Es ahí donde el arte se convierte en el mejor aliado: no para darnos respuestas mágicas, sino para decirnos, con una canción o un párrafo, que alguien más ya estuvo en este desierto y logró salir.