Curioso, ¿no? Hablamos constantemente de liderazgo, de cultura organizacional y de compromiso, pero seguimos evitando una conversación incómoda: la cantidad de líderes que aún gestionan personas desde el miedo. No desde el grito ni la humillación explícita, sino desde una amenaza sutil, perfectamente legal, cuidadosamente camuflada. No levantan la voz, no insultan, no cruzan límites evidentes. Y, aun así, gobiernan desde el miedo.