La Ley Marco de Ciberseguridad y la nueva Ley de Protección de Datos pusieron un horizonte claro: las empresas deberán profesionalizar su seguridad digital, no como una reacción a una crisis, sino como una práctica corporativa permanente. Y aunque la norma no exige nada imposible, sí exige algo que muchas organizaciones todavía no han internalizado: que la ciberseguridad debe salir del cubículo de TI y entrar a la sala del directorio.