En el incesante pulso acelerado de la vida moderna que nos exige rendimiento y a menudo nos deja emocionalmente exhaustos, la verdadera fuente de sosiego se encuentra, muchas veces, en el lugar más silencioso y peludo de la morada. Hablo de nuestros "gathijos" y "perrijos", seres que han trascendido la etiqueta de "mascotas" para convertirse en miembros esenciales de nuestra familia, la que se valida no por la sangre, sino por el vínculo de afecto recíproco.