Cuando hablamos de "terror", la mente suele invocar imágenes de monstruos con garras afiladas, sangre a borbotones y sustos repentinos. Pero existe un subgénero que opera en un plano mucho más insidioso y duradero: el terror psicológico. Este tipo de cine no busca asustar con lo que se ve, sino con lo que se insinúa; no con el impacto visceral, sino con la erosión gradual de la psique del espectador. Sus monstruos habitan en las sombras de la mente humana: la paranoia, la locura, el trauma y la disolución de la realidad.