La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana. La utilizamos para escribir, traducir, diseñar, analizar información, generar imágenes y automatizar procesos. En las organizaciones, sin embargo, su incorporación avanza a una velocidad que muchas veces supera la capacidad de discutir sus implicancias y establecer criterios para su uso. El desafío, entonces, no está solo en incorporar estas herramientas, sino en hacerlo con criterios claros, responsabilidad y una mirada consciente sobre sus implicancias.