Luisa ama enseñar. Sin embargo, hace meses que se levanta agotada. Corrige exámenes hasta la madrugada, responde mensajes fuera de horario y atiende exigencias administrativas que se acumulan. En el aula sostiene emociones ajenas, mientras intenta sostener las propias. Luisa no está simplemente cansada. Está viviendo un proceso de desgaste que tiene nombre: burnout.