Tenemos un problema con la forma en que hablamos de obesidad infantil. Nos hemos acostumbrado a mirar el plato, revisar las etiquetas y discutir qué alimentos deberían estar dentro o fuera de la dieta de los niños. Pero hay una pregunta mucho más incómoda que todavía no nos hacemos con suficiente fuerza: ¿qué estamos enseñando a tomar cuando un niño tiene sed?