Vivimos en una época marcada por la polarización: política, social, cultural y hasta empresarial. En este contexto, los liderazgos duros y personalistas parecen encontrar terreno fértil, apoyándose en la confusión, la sobreexposición a información en redes sociales y, en muchos casos, en la pérdida de criterio de quienes no han fortalecido su propio liderazgo interno.