Hay lugares en la ciudad que se visitan y otros que, simplemente, se habitan con el cuerpo entero. El Persa Bío-Bío pertenece a estos últimos. No es solo un conjunto de galpones o un mercado de cachureos; es el living de Santiago, un rincón suspendido en el tiempo donde la nostalgia y la vanguardia se sientan a la misma mesa. Caminar por sus pasillos es, para mí, un acto de fe y una rendición absoluta a los sentidos. Sin duda, es el lugar más multifuncional, vivo y cambiante que he conocido.