A medida que se acerca diciembre, los días parecen más cortos y las exigencias más largas. Los estudiantes enfrentan el cierre del año académico con exámenes, proyectos y presentaciones que no admiten demora. A eso se suman las actividades sociales, las expectativas familiares y la presión de cumplir metas antes de que termine el calendario. Todo este torbellino tiene un costo que va más allá del cansancio: el corazón también siente el estrés.