La coyuntura económica exige, con urgencia, decisiones que reactiven el crecimiento, fortalezcan la inversión y devuelvan dinamismo a una economía que lleva varios años mostrando un desempeño con tendencia a la baja. En ese contexto, cualquier modificación que afecte directamente al impuesto de primera categoría debe ser analizada no solo como un ajuste tributario, sino como una decisión estratégica.
Estoy a punto de cumplir 40 años y hay una pregunta que escucho cada vez con más frecuencia, en consulta y fuera: “Doctora, ¿cómo hace para mantenerse joven y con energía?”. Y es que no se trata solo de estética. Es un tema de claridad mental, sentirse bien en el cuerpo, habitar la vida con plenitud.
La implementación de la ley de 40 horas no admite improvisaciones. No es una reforma menor, ni tampoco un ajuste cosmético: implica rediseños operativos, contractuales y organizacionales profundos al interior de las empresas. Por lo mismo, exige certeza jurídica, anticipación y, sobre todo, una conducción técnica sólida por parte de la autoridad administrativa. Sin embargo, lo que hemos visto en esta nueva etapa dista de ese estándar.
En un escenario donde el cambio climático, la escasez de recursos y la creciente conciencia de las personas están transformando la forma en que consumimos, la sostenibilidad en el sector gastronómico y turístico dejó de ser una tendencia para convertirse en una necesidad. Sin embargo, aún existe la percepción de que implementarla es complejo o costoso. Desde nuestra experiencia podemos afirmar que no solo es posible, sino también una decisión estratégica clave para el futuro.
Durante años entendimos el agua como algo puro y esencial: H₂O. Algo que no necesitaba explicación. Sin embargo, la evidencia muestra que esa idea es cada vez menos cierta. y que lo que conocíamos como agua hoy se dispone al consumidor con mucho más que 2 moléculas de hidrógeno y una de oxígeno. Y quizás lo más incómodo… Es que seguimos actuando como si todo estuviera bien.
La implementación de la ley de 40 horas no admite improvisaciones. No es una reforma menor, ni tampoco un ajuste cosmético: implica rediseños operativos, contractuales y organizacionales profundos al interior de las empresas. Por lo mismo, exige certeza jurídica, anticipación y, sobre todo, una conducción técnica sólida por parte de la autoridad administrativa. Sin embargo, lo que hemos visto en esta nueva etapa dista de ese estándar.
El combustible no es solo un insumo más para Chile: es uno de los motores de su aparato productivo. Constituye la base sobre la cual se sostiene el transporte y, con ello, gran parte de la actividad económica. Sin combustible, simplemente no se mueven las máquinas, no circulan los bienes y los servicios no se concretan.