Cuando Los Increíbles llegó a los cines a mediados de los dos mil, el público quedó deslumbrado por su madurez argumental, su homenaje al cine de espías de los años sesenta y su brillante deconstrucción de la crisis de la mediana edad. Sin embargo, detrás del ritmo frenético de su guión se esconde una de las películas más físicas, corpóreas y sensoriales de Pixar. Brad Bird no sólo diseñó una aventura de superhéroes; construyó un universo hiper texturizado donde los cinco sentidos operan a máxima potencia, marcando el violento contraste entre la insipidez de la rutina suburbana y la electrizante adrenalina de la acción.