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Con la llegada de la primavera, las alergias vuelven a hacerse presentes también en los lugares de trabajo. Estornudos, congestión nasal, picazón de ojos o secreción nasal pueden acompañar durante horas a quienes continúan desarrollando sus actividades habituales, incluso cuando los síntomas no son suficientes para justificar una ausencia laboral.


El impacto puede ser considerable. Un estudio publicado en 2024 en The Journal of Allergy and Clinical Immunology: In Practice, que analizó datos de pacientes con rinitis alérgica de 40 países, encontró que durante las semanas en que la enfermedad estaba mal controlada, el impacto mediano sobre la productividad mientras las personas trabajaban alcanzó 60,7%. Cuando existía un control parcial, bajaba a 25%, mientras que en las semanas de buen control llegaba a 4,4%. PubMed


El mismo estudio encontró otro elemento relevante para las empresas: la mediana de ausentismo fue de 0% independientemente del nivel de control de la rinitis. Es decir, buena parte del impacto no necesariamente ocurre porque las personas falten, sino mientras permanecen en sus puestos con síntomas que pueden interferir con su desempeño. La investigación consideró información correspondiente a 677 semanas de 364 pacientes. PubMed


“Las alergias muchas veces se ven como una molestia estacional, pero el trabajador no necesariamente se queda en su casa. Sigue cumpliendo su jornada congestionado, estornudando o después de haber dormido mal producto de los síntomas. Por eso, desde las empresas también existe una oportunidad de mirar este problema desde la prevención y facilitar el acceso a una pesquisa oportuna”, explica Eduardo Bustorf, fundador de Besplus.


Uno de los desafíos para quienes presentan molestias recurrentes es determinar frente a qué sustancias están sensibilizados. Ácaros, pólenes, pastos, animales, hongos y determinados alimentos pueden estar involucrados, pero avanzar en esa pesquisa supone muchas veces coordinar exámenes fuera del lugar de trabajo.


En respuesta a esa barrera de acceso, Besplus incorporó a sus operativos preventivos en empresas un panel de IgE específica que, mediante una sola toma de sangre venosa, permite analizar la sensibilización frente a 22 alérgenos.


Entre los elementos incluidos se encuentran alérgenos ambientales como ácaros, pastos, pólenes, álamo, plátano oriental y acedera; relacionados con animales, como perro, gato y pluma de ave; hongos como Aspergillus y Cladosporium; además de alimentos como leche, huevo, trigo, maíz, atún, mariscos, tomate, plátano y chocolate.


La particularidad del modelo es que la toma de muestra puede realizarse directamente en el lugar de trabajo, dentro de los operativos de salud de la empresa. Con ello, el trabajador evita desplazarse a un laboratorio o centro de salud exclusivamente para realizar el examen y reduce el tiempo que debe destinar fuera de su jornada habitual.


“Cuando hablamos de acceso a salud no basta con que un examen esté disponible. También importa cuánto tiempo requiere hacerlo, dónde está disponible y cuánto significa para la persona desplazarse hasta un centro médico. Si una prestación puede acercarse al lugar de trabajo, se eliminan varias de esas barreras al mismo tiempo”, señala Bustorf.


Menos traslados y una pesquisa más accesible


El examen de sangre constituye una de las herramientas utilizadas para estudiar sensibilización a alérgenos. Sus resultados, sin embargo, deben interpretarse junto con los síntomas y antecedentes de cada persona, ya que presentar IgE específica frente a una sustancia no significa por sí solo que exista una alergia clínica.


Por eso, desde Besplus recalcan que la pesquisa realizada en la empresa no pretende reemplazar la consulta médica ni el diagnóstico de un especialista, sino facilitar un primer acceso a información que puede orientar los pasos posteriores.


La modalidad también aborda un costo menos visible para trabajadores y organizaciones. Cuando un examen solo puede realizarse fuera de la empresa, el proceso puede involucrar permisos, traslados, tiempos de espera y horas destinadas a acudir y regresar desde un centro de salud. Al concentrar la toma de muestra en el mismo lugar de trabajo, parte de esos costos indirectos se reduce.


“Para una empresa, prevención no significa diagnosticar a sus trabajadores. Significa facilitar que puedan acceder a ciertas prestaciones antes de que el tiempo, el traslado o la dificultad para conseguir una atención terminen postergándolas. En este caso, una sola muestra permite pesquisar múltiples sensibilizaciones y entregar información que después puede ser evaluada clínicamente cuando corresponda”, agrega Bustorf.


El problema del impacto laboral de las alergias sigue siendo objeto de investigación. Un estudio publicado en 2025 en Allergology International, basado en 260.378 días de información de 20.724 pacientes con rinitis alérgica, encontró que los síntomas nasales fueron los que mostraron la asociación más fuerte con un peor desempeño en el trabajo. También observó un mayor deterioro entre quienes presentaban rinitis alérgica junto con asma. ScienceDirect


Para Bustorf, estos antecedentes refuerzan la necesidad de ampliar el concepto de salud preventiva dentro de las organizaciones. “Hay problemas de salud que no necesariamente generan una licencia médica, pero sí acompañan a una persona todos los días y terminan influyendo en cómo trabaja y en cómo se siente. La prevención también consiste en detectar esas necesidades y hacer más fácil que el trabajador pueda hacerse cargo de ellas”, concluye.

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