Durante años, el sobre con efectivo o el bono a fin de mes eran los reyes indiscutidos en las empresas Hoy en cambio, cada vez más trabajadores chilenos prefieren recibir beneficios no monetarios asociados a productos físicos, tiempo libre y dinámicas de “premio”, que les permiten acumular puntos y luego canjearlos por artículos tecnológicos, vestuario, calzado, equipamiento outdoor o productos para disfrutar con la familia.
Las cifras así lo demuestran. Datos de SAWA —plataforma chilena de incentivos revelan que entre junio de 2025 y abril de 2026 se realizaron más de 40 mil canjes dentro de los más de 40 programas corporativos activos, donde los beneficios ligados a tiempo libre y bienestar mostraron los mayores niveles de crecimiento.
Detrás del fenómeno hay un cambio cultural importante: los trabajadores ya no solo buscan ganar más dinero, sino también sentir reconocimiento, bienestar y satisfacción personal.
Pero, ¿por qué preferimos, por ejemplo, un artículo electrónico para la cocina que 20 mil pesos adicionales? La respuesta está en la neurociencia. Sebastián Hevia, CEO de SAWA, explica que el sueldo suele diluirse en gastos básicos como el arriendo o el supermercado, mientras que el beneficio canjeable se percibe como un triunfo personal.
“El sueldo muchas veces termina destinado a gastos colectivos como cuentas, arriendo o supermercado. En cambio, estos beneficios se perciben como un premio propio al esfuerzo individual. Hay una carga emocional muy distinta”, explica Sebastián Hevia, CEO de SAWA. Según el ejecutivo, hoy las personas valoran mucho más los incentivos que les permiten “darse un gusto”, desconectarse o vivir experiencias memorables.
“Cuando alguien canjea puntos por artículos deportivos o equipamiento outdoor para irse de camping con sus hijos, siente que su esfuerzo se transformó en un recuerdo. Eso activa la dopamina y genera un engagement que el dinero frío simplemente no logra”, agrega.
Gamificación: El trabajo como un juego de progreso
La clave del éxito de estos sistemas es la gamificación. Las empresas ya no solo premian por "estar", sino por cumplir metas, completar capacitaciones o superar desafíos internos. El colaborador ve su progreso en tiempo real, acumulando puntos lo que transforma la rutina en una experiencia gratificante.
“Hay un componente de juego súper potente. Las personas sienten avance, progreso y satisfacción inmediata. Van viendo cómo acumulan puntos y eso genera entusiasmo constante dentro de los equipos”, comenta Hevia.
De hecho, el fenómeno también tiene una explicación conductual. Según explica el CEO de SAWA, este tipo de dinámicas activa mecanismos cerebrales relacionados con la recompensa y la anticipación.
“Cuando una persona sabe que está cerca de conseguir algo que quiere, el cerebro libera dopamina, que está asociada a la motivación y el placer. Por eso estos programas generan tanta participación: porque convierten el esfuerzo cotidiano en una experiencia gratificante”, señala.
En ese contexto, las empresas están entendiendo que las nuevas generaciones valoran más el tiempo, la novedad y las experiencias que las recompensas tradicionales. “Hoy las personas quieren sentirse valoradas, pero también disfrutar más su tiempo. Poder transformar metas laborales en experiencias personales tiene un impacto emocional muchísimo más fuerte que otros incentivos clásicos”, afirma Hevia.
La tendencia también coincide con estudios recientes sobre bienestar laboral en Chile, la Encuesta CEP mostró que un 84% de los chilenos considera importante tener mayor control sobre sus horarios y equilibrio entre trabajo y vida personal.
Finalmente, el CEO de SAWA asegura que “en un mercado laboral cada vez más competitivo, el mensaje para las empresas es claro: si quieres retener al talento, no les des solo una planilla de Excel; dales una experiencia que valga la pena contar”.