Hay proyectos que nacen siguiendo tendencias y otros que, sin proponérselo, terminan adelantándose a ellas. Creo que Casa Bosque pertenece a esa segunda categoría.

Este mes se celebra el Día del Ajo. Y aunque nunca he visto una fiesta en su honor —bueno, mi papá probablemente la organizaría sin pensarlo—, la verdad es que se la merece. Porque el ajo no es solo un ingrediente: es tradición. Es el punto de partida de casi todo lo que cocinamos en casa.

Un plato que brilla por sí solo ideal para lucirse en una mesa de mantel largo.

Las pobres aceitunas a veces cargan con una injusticia culinaria: las vemos siempre como la compañía del vino, la cerveza o la tabla de charcuterie… pero olvidamos que son mucho más que eso. Son una bomba de sabor, historia y salud que merecen brillar también dentro de la olla, el horno y hasta en el mortero.

El Pan de Muerto es mucho más que un dulce de temporada; es el corazón de la ofrenda del Día de Muertos. Su sabor a azahar y su textura esponjosa representan el cuerpo del difunto, y sus "huesitos" de masa son un recordatorio de los ciclos de la vida y la muerte. Si buscas una conexión profunda y aromática con esta tradición, hornearlo en casa es el camino.

Cocinar es un oficio, un acto cotidiano que nos conecta con quienes somos y con quienes amamos.

Frita, hervida, asada, majada, en tortilla, pastel o empanada —la papa es esa amiga que nunca falla.