En la segunda mitad de los años noventa, Disney decidió tomar la tragedia y la solemnidad de la mitología griega para pasarla por el filtro del gospel, la comedia pop y el dinamismo gráfico del caricaturista Gerald Scarfe. El resultado fue Hércules, una de las películas más coloridas, irreverentes y rítmicas del estudio. Sin embargo, detrás de las sandalias de marca y los chistes sobre el estrellato, se esconde una obra de una fisicidad y una potencia sensorial arrolladoras. La cinta es un viaje heroico que utiliza los cinco sentidos no solo para deslumbrarnos, sino para trazar la distancia física entre la perfección fría del Monte Olimpo, la podredumbre humeante del Inframundo y la ruda, polvorienta y ruidosa realidad de los mortales.