El cine chileno contemporáneo ha encontrado en el desierto nortino un lienzo infinito para filmar la soledad, pero pocas veces ese territorio hostil y agrietado se había transformado en un escenario de resistencia tan devastador como en La misteriosa mirada del flamenco. El largometraje debut de Diego Céspedes, ampliamente elogiado en el circuito internacional, no es solo un drama de época; es una fábula lírica y feroz sobre el nacimiento del miedo y los bordes donde el afecto se convierte en un acto de valentía suicida.