Salir de casa antes del amanecer para evitar la congestión, pasar más de una hora en el transporte, enfrentar jornadas laborales exigentes y mantenerse conectado incluso después del trabajo forma parte de la rutina de muchas personas. Aunque el estrés es una respuesta natural del organismo frente a situaciones desafiantes, cuando se mantiene de forma constante puede afectar distintos sistemas del organismo, incluido el cardiovascular.
En Chile, las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la primera causa de muerte, según los datos actuales del Ministerio de Salud. Esta información nos indica la importancia de abordar y fortalecer las estrategias de prevención cardiovascular.
El estrés, por sí solo, no provoca necesariamente una enfermedad cardíaca. Sin embargo, cuando se vuelve crónico puede favorecer el desarrollo o descontrol de ciertos factores de riesgo que aumentan la probabilidad de sufrir un evento cardiovascular.
“El estrés agudo es una respuesta normal del organismo. El problema aparece cuando se vuelve crónico, ya que puede favorecer el desarrollo o el descontrol de factores de riesgo cardiovascular, como el tabaquismo, sedentarismo, sobrepeso u obesidad. Esto es más peligroso cuando los pacientes son portadores de hipertensión arterial, diabetes, dislipidemia (colesterol elevado) o tienen antecedentes familiares de patología cardiaca”, según explica el cardiólogo de Clínica INDISA, Dr. Víctor Pérez León.
¿Qué ocurre en el organismo cuando vivimos bajo estrés?
Frente a una situación de estrés, el cuerpo libera hormonas como la adrenalina y el cortisol, que preparan al organismo para responder ante una amenaza. Como consecuencia, aumentan temporalmente la frecuencia cardíaca, la presión arterial y el nivel de alerta.
El problema aparece cuando esta respuesta deja de ser puntual y se mantiene durante semanas o meses. En ese escenario, el organismo permanece en un estado de activación constante, lo que puede tener efectos negativos sobre la salud cardiovascular.
¿Cómo puede afectar al corazón?
El estrés crónico no suele ser la única causa de una enfermedad cardiovascular, pero sí puede contribuir a su aparición o acelerar su progresión.
Entre sus principales efectos se encuentran:
“Muchas personas consultan por palpitaciones o presión arterial elevada y descubren que el estrés está contribuyendo a estos síntomas. Lo importante es no asumir que todas las molestias son únicamente consecuencia del estrés por lo cual es recomendable realizar una evaluación integral que permita conocer su real riesgo cardiovascular”, señala el cardiólogo.
¿Cuándo el estrés deja de ser algo normal?
Sentir estrés en momentos puntuales es habitual. Sin embargo, cuando la sensación de tensión se prolonga y comienza a afectar la salud física o emocional, es recomendable consultar. Algunas señales a las que conviene prestar atención son:
La presencia de estos síntomas no significa necesariamente que exista una enfermedad cardiovascular, pero sí puede ser una señal de que el estrés está teniendo un impacto que conviene evaluar.
¿Qué podemos hacer para disminuir su impacto?
Aunque no siempre es posible eliminar las fuentes de estrés -como las exigencias laborales, los tiempos de traslado o determinadas responsabilidades personales- sí existen medidas que pueden ayudar a disminuir sus efectos y proteger la salud cardiovascular.
Entre ellas:
“No siempre podemos eliminar las situaciones que nos generan estrés, pero sí podemos evitar que se transforme en un estado permanente. Dormir bien, mantenernos activos, cuidar la alimentación y controlar los factores de riesgo cardiovascular son medidas que ayudan a proteger nuestro corazón a largo plazo”, concluye el Dr. Pérez León.
Cuidar la salud cardiovascular no depende únicamente de controlar el colesterol o la presión arterial. Reconocer el impacto que puede tener el estrés sostenido, mantener hábitos saludables y consultar cuando aparecen síntomas persistentes también es parte de la prevención.