En esta actualidad, donde la urgencia de lo inmediato parece devorar no solo el tiempo sino la esperanza, existe un acto de resistencia silencioso y vital: escuchar el dictado sagrado de la brújula interior de nuestros anhelos. El sueño no es un mero capricho juvenil, ni un plan de negocios; es la carta de navegación más honesta de nuestra alma, el motor indómito que nos recuerda por qué vale la pena desafiar la gravedad de la rutina y el peso de las inercias. Es el eco de la persona que estamos destinados a ser, pidiendo permiso para manifestarse.
En el incesante pulso acelerado de la vida moderna que nos exige rendimiento y a menudo nos deja emocionalmente exhaustos, la verdadera fuente de sosiego se encuentra, muchas veces, en el lugar más silencioso y peludo de la morada. Hablo de nuestros "gathijos" y "perrijos", seres que han trascendido la etiqueta de "mascotas" para convertirse en miembros esenciales de nuestra familia, la que se valida no por la sangre, sino por el vínculo de afecto recíproco.
El sector, que genera empleo calificado para más de siete mil personas, registró un crecimiento de 20,5% en comparación con el mismo período del año anterior. “Una estrategia temprana de internacionalización resulta fundamental para escalar”, sostiene Felipe Mancini, CEO de Asimov Consultores y presidente de Chiletec AG.
La vida nos enseña que el camino de la superación y el potencial nunca es una senda solitaria. En la vorágine de la contingencia—ese mercado de juicios constantes donde los sueños pequeños suelen morir silenciosamente—, la verdadera fortaleza no radica en nuestra individualidad, sino en la calidad del anclaje humano que hemos elegido. Hablo de los amigos del alma, la familia que escogemos, quienes deben ser mucho más que un refugio; deben ser una plataforma de lanzamiento.