Después de un tiempo transitando en esta tierra, me doy cuenta de que la verdadera intimidad no se mide por la cantidad de risas o la pasión compartida, sino por la profundidad de la vulnerabilidad. Y de todos los actos de vulnerabilidad, hay dos que son, a mi juicio, los más desafiantes y cruciales para la construcción de una relación duradera: hablar de los miedos y desnudar el pasado.