Países Bajos, Alemania, Bélgica. No son destinos casuales, son la prueba de que el sonido de SCAF no necesita pasaporte para ser entendido. Su mezcla de hip hop, reggaetón, dancehall, trap y latin house ha logrado lo que pocos consiguen: hacer bailar a audiencias que ni siquiera hablan español. Esa es la clase de artista que es SCAF, uno que no explica su música, la hace sentir.