Hay parejas donde ambos aportan al hogar todos los meses. Uno paga la hipoteca, el otro el supermercado. Uno asume el crédito del automóvil, el otro los servicios, la comida o los gastos de los hijos. Sobre el papel parece un acuerdo justo. Pero existe una pregunta que casi nadie se hace: ¿Quién está construyendo patrimonio y quién simplemente está sosteniendo el día a día?