En el código no verbal de las interacciones humanas, la mano en la cintura es un gesto que siempre me ha fascinado por su complejidad. No es un simple roce, ni un abrazo total; es una declaración posicional que dice mucho sobre la etapa y el estado de una relación. Para mí, es la frontera donde el coqueteo se encuentra con la posesión y el deseo se cruza con el anclaje.