Tenemos la mala costumbre de creer que las estaciones del año son paisajes visuales: las flores de la primavera, el sol brillante del verano, las hojas secas del otoño o la nieve del invierno. Sin embargo, para quien habita el mundo desde la agudeza de los otros sentidos, los ciclos de la naturaleza no son postales; son corrientes de vida que empujan, abrazan, se retiran y vuelven a nacer. El tiempo no se ve: se respira, se toca y se escucha.