Hayao Miyazaki nos ha regalado cielos infinitos a lo largo de su carrera. Desde los planeadores en Nausicaä hasta las naves de Porco Rosso, el vuelo ha sido siempre su metáfora favorita para la libertad, la infancia y la magia. Sin embargo, en Se levanta el viento (Kaze Tachinu), el director japonés aterriza sus fantasías en la dura realidad histórica para entregarnos su película más madura, melancólica y, quizás, incomprendida. Esta no es una fábula de fantasía; es un lienzo biográfico sobre Jiro Horikoshi, el hombre que diseñó los aviones de combate japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, y una desgarradora reflexión sobre la belleza corrompida por el destino.
Pedro Almodóvar lleva décadas transformando sus obsesiones, dolores y fantasmas en patrimonio del cine mundial. Sin embargo, con Amarga Navidad, el director manchego da un paso hacia un terreno mucho más áspero y descarnado que de costumbre. Si en Dolor y Gloria el ejercicio de la autoficción (mezclar la biografía del autor con la ficción) se sentía como una reconciliación nostálgica con el pasado, aquí el tono es de una honestidad casi incómoda. Almodóvar no busca seducirnos; busca cuestionar el costo ético y emocional de devorar la realidad para alimentar al arte.