Existe un viejo dicho en el cine de terror que dice que no hay nada más peligroso que un hombre desesperado con acceso a lo sobrenatural. El director Curry Barker lo sabe, y con su aclamado debut cinematográfico Obsesión, ha tomado el gastadísimo clásico literario de "La pata de mono" (el clásico “cuidado con lo que deseas”) para transformarlo en una de las pesadillas psicológicas más incómodas, retorcidas y fascinantes de los últimos años.
El sentido común es, paradójicamente, el más huérfano de los sentidos. Solemos invocarlo como si fuera un suelo firme que todos pisamos, una brújula innata que nos protege del ridículo y de la crueldad. Pero al observar el pulso de nuestra sociedad actual, tan veloz, tan ruidosa, tan empeñada en la superficie, se hace evidente una verdad incómoda: el sentido común se ha vuelto un artículo de lujo, el menos común de los sentidos.
La infancia debería oler a tierra mojada después de la lluvia, a lápices de cera, a fruta fresca madurada al sol y al refugio seguro de unas sábanas limpias. Debería ser un espacio donde el tiempo no se mide en horas, sino en la distancia de una carrera o en la altura de un salto. Sin embargo, cuando la guerra y la incertidumbre trazan las líneas del mapa, la niñez es obligada a crecer de golpe, a saltarse los capítulos más bellos de la existencia para aprender las reglas brutales de la supervivencia.