Asomarse al presente es comprender que no estamos viviendo una época de cambios, sino un cambio de época definitivo. El suelo bajo nuestros pies, ese tejido de certezas que dábamos por sentado, se está agrietando para dar paso a una marea subterránea que empuja con fuerza: el despertar cósmico. Vivimos el colapso de las viejas verdades antropocéntricas, el desmoronamiento de esa hegemonía mental que nos hizo creer, por siglos, que el ser humano era la medida de todas las cosas y el centro exclusivo del drama universal.