El intenso sistema frontal que ha golpeado con fuerza a gran parte de Chile, desde Atacama hasta el sur, ha reabierto la discusión sobre la preparación de nuestras ciudades ante eventos climáticos extremos. En este escenario de emergencia, la preocupación suele centrarse en la habitabilidad inmediata, postergando un factor fundamental para la seguridad a largo plazo, que es el estado de la obra gruesa de las edificaciones donde habitamos.
"Existe la percepción de que solo los terremotos generan daño estructural en edificios e infraestructura crítica. Sin embargo, las lluvias intensas, la erosión, las socavaciones, la saturación del terreno y los deslizamientos también pueden modificar el comportamiento de una estructura y aumentar su vulnerabilidad, aunque esos cambios no siempre sean visibles", explica Felipe Martínez Valle, CEO de Huella Estructural, empresa especializada en el monitoreo preventivo y en tiempo real de edificaciones mediante sensores inteligentes y tecnología IoT, capaz de detectar daños estructurales de forma no invasiva.
La lluvia intensa puede debilitar el terreno y alterar la forma en que responde una estructura, incluso cuando no existen señales visibles. Por eso, actuar de manera preventiva es clave para evitar deterioros mayores, recalca Martínez.
Salud estructural y lluvias
Para abordar esta problemática de forma oportuna, el experto de Huella Estructural entrega algunas recomendaciones de cómo observar edificios post temporales. La primera sugerencia apunta a centrar la atención en el terreno aledaño o colindante, cercano al edificio, antes de inspeccionar el inmueble. Tras las lluvias masivas, las alteraciones más reveladoras se manifiestan en el entorno de la obra. “Grietas en la calzada, hundimientos de pavimentos o deslizamientos de tierra en laderas próximas son indicios de que el terreno de fundación está perdiendo estabilidad por la acción del agua acumulada”, advierte Martínez.
De forma complementaria, una segunda sugerencia es que los usuarios deben evaluar si la edificación comenzó a comportarse de una manera inusual. “Cambios en la geometría interna del inmueble, como puertas que antes abrían perfectamente y que ahora se traban de forma persistente, ventanas descuadradas o desniveles en los pisos”, dice Martínez, representan señales de que la estructura está experimentando asentamientos o movimientos internos que demandan una urgente revisión por parte de profesionales.
Evolución de grietas e impacto de la humedad
El análisis de las fisuras es otro aspecto crítico que no admite postergaciones. “Aunque muchas fisuras corresponden a dilataciones normales del hormigón, aquellas grietas que se manifiestan justo después del temporal y que se concentran en pilares de carga o muros estructurales requieren un cuidado especial”, señala el especialista. En ese sentido, aconseja documentar el avance de estas anomalías mediante fotografías antes de realizar reparaciones cosméticas permite a los ingenieros calculistas evaluar adecuadamente si la capacidad de la estructura se ha visto mermada.
La humedad persistente y las filtraciones profundas también actúan como agentes destructores de la rigidez estructural, y debe vigilarse. “El agua acumulada en subterráneos o estacionamientos inicia procesos corrosivos en las enfierraduras del hormigón armado, un proceso dañino que continúa desarrollándose de forma invisible después de que las nubes se retiran”, aclara. Es fundamental, dice, realizar un examen de los muros de contención o de las zonas colindantes a cauces de agua, pues la pérdida de material de soporte puede desestabilizar la construcción.
Finalmente, desde Huella Estructural recuerdan que gran parte de las alteraciones mecánicas no se aprecian a simple vista. “Los edificios modifican su comportamiento físico ante las variaciones del clima, por esta razón, el monitoreo continuo de parámetros dinámicos mediante sensores inalámbricos se consolida como una herramienta de gran valor para complementar las inspecciones visuales periódicas”, señala. Esta tecnología aporta datos objetivos en tiempo real, permitiendo a los comités de copropiedad y administradores particulares gestionar los riesgos con certeza, planificar mantenciones oportunas y asegurar la continuidad operativa.
*Estas recomendaciones fueron elaboradas y revisadas por el equipo de ingenieros de Huella Estructural y tienen un carácter informativo. No reemplazan una evaluación técnica especializada.