Una vez más, México se viste de gala y nostalgia para celebrar el Día de Muertos, una de sus festividades más emblemáticas y conmovedoras, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Este no es un día de luto, sino de un jubiloso reencuentro; un lienzo de colores vibrantes, aromas intensos y la dulce certeza de que, por unas horas, la barrera entre la vida y la muerte se disuelve.