Vivimos sobre un milagro que la prisa y el asfalto nos hacen olvidar. Quienes confían demasiado en los ojos suelen reducir la tierra a un horizonte, a la llanura que se mira desde la ventana o al color de los cerros a lo lejos. Pero la tierra no es una imagen de fondo. Para quien percibe el mundo con la sabiduría de los otros sentidos, la tierra es una presencia viva, un útero constante que late bajo nuestros pasos y que sostiene el peso del mundo.