Cuando comencé mi carrera en tecnología, era habitual entrar a una reunión y ser la única mujer de la mesa. En ese momento no siempre era consciente de ello, pero con los años entendí que esa imagen reflejaba una realidad más profunda: la tecnología avanzaba a pasos agigantados, mientras la diversidad dentro de quienes la construíamos avanzaba mucho más lento.