Por Carlos Quesada, CEO de Entelgy Chile.
La privacidad de los datos se ha convertido en una prioridad para las organizaciones. Nuevas regulaciones, consumidores más informados y crecientes exigencias de transparencia han impulsado a las empresas a fortalecer sus políticas y mecanismos de protección de la información. Sin embargo, existe una diferencia importante entre declarar el cumplimiento y tener un control efectivo sobre los datos.
Y es que a pesar de que en la práctica muchas organizaciones han avanzado en marcos de gobernanza y cumplimiento normativo, de manera recurrente deben atender preguntas básicas: ¿qué información poseen?, ¿dónde se encuentra?, ¿quién tiene acceso a ella?, ¿cómo circula dentro de la organización? o ¿es posible eliminarla cuando un cliente lo solicita? Es ahí donde el desafío deja de ser regulatorio y pasa a ser operacional.
En ese contexto, la gestión de datos requiere de herramientas y estrategia; la información se distribuye entre múltiples plataformas, aplicaciones, áreas de negocio y proveedores externos. Como resultado, muchas empresas operan con datos fragmentados, procesos manuales y una visibilidad limitada sobre uno de sus activos más valiosos. Y resulta difícil proteger aquello que no se conoce completamente.
Por eso hoy la conversación debe ir más allá de la privacidad entendida únicamente como cumplimiento normativo. Lo que las organizaciones necesitan es desarrollar capacidades que les permitan gestionar la información con visibilidad, trazabilidad y control.
En ese objetivo es cuando convergen disciplinas que durante años han operado de forma relativamente separada. El gobierno de datos establece las políticas, responsabilidades y procesos para administrar la información de manera consistente; el compliance asegura que esa gestión responda a las exigencias legales, regulatorias y éticas; la ciberseguridad protege la información frente a amenazas y vulnerabilidades. Y, bueno, la tecnología conecta todas estas capacidades, entregando herramientas para identificar, clasificar, monitorear y gestionar datos en entornos cada vez más complejos.
En síntesis: cuando estos elementos trabajan de forma integrada, las organizaciones logran conocer realmente sus datos. Esa visibilidad permite responder con mayor rapidez a requerimientos regulatorios, reducir riesgos operacionales, fortalecer la seguridad y mejorar la calidad de la información que respalda las decisiones de negocio.
La relevancia de este desafío seguirá creciendo. La confianza de clientes, inversionistas, colaboradores y reguladores depende cada vez más de la capacidad que tengan las organizaciones para demostrar una gestión responsable de la información. La reputación corporativa ya no se construye solo sobre productos, servicios o resultados financieros; también se sostiene sobre la forma en que las empresas administran y protegen los datos que les han sido entregados.