Las máquinas de pago se han convertido en una herramienta indispensable para los comercios en Chile. Desde ferias libres hasta grandes cadenas, hoy aceptar pagos con tarjetas de débito, crédito, prepago o links de pago no solo amplía las oportunidades de venta, sino que también mejora la experiencia de compra de los consumidores. Sin embargo, uno de los principales desafíos para los emprendedores y negocios sigue siendo comprender con claridad las comisiones asociadas a estos sistemas.
La relevancia de este tema crece en un escenario donde el uso del efectivo sigue disminuyendo en Chile. Según el XVIII Informe de Medios de Pago, presentado en el evento Nuek Day: Beyond Payments 2025, el 63% de la población bancarizada utilizó efectivo durante 2024, una baja frente al 70% registrado en 2023. Al mismo tiempo, el uso de tarjetas continúa en alza: las tarjetas de débito físicas pasaron del 81% al 87%, y las de crédito del 75% al 82% en el mismo período.
“En muchos casos, la comisión que ve el comercio no es una sola, sino una suma de distintos elementos que cambian según el tipo de tarjeta, las cuotas o incluso el monto de la venta. Esto genera incertidumbre y hace que el comercio recién entienda el costo real cuando recibe el abono”, explica Nicole Revillot, country manager de TUU by Haulmer.
¿Qué compone una comisión por venta?
En general, las comisiones que pagan los comercios suelen incluir un porcentaje sobre la venta, cargos variables dependiendo del medio de pago utilizado y costos operativos o de procesamiento. Además, algunos proveedores agregan cargos fijos por transacción, arriendo de la máquina o servicios adicionales, lo que complejiza aún más el cálculo final.
En ese contexto, existen modelos que buscan simplificar esta estructura. En TUU, por ejemplo, la tarifa es clara y conocida desde el inicio, compuesta únicamente por comisión, un costo fijo en el modelo mixto y el IVA correspondiente, sin diferencias entre pagos con tarjeta de débito o crédito. La única excepción son las tarjetas internacionales, que cuentan con tarifas previamente establecidas.
Factores que influyen en el monto final
En muchos sistemas de pago, el tipo de tarjeta, el número de cuotas y el monto de la venta influyen directamente en la comisión final. Las transacciones con débito suelen tener un menor costo que las de crédito, mientras que las compras en cuotas tienden a encarecer la comisión, especialmente a mayor número de cuotas. A esto se suma que, cuando existen cargos fijos por transacción, las ventas de menor monto terminan pagando proporcionalmente más.
“Cuando la comisión depende de tantas variables, el comercio pierde visibilidad y capacidad de planificación. En TUU, el cliente conoce de antemano cuánto va a pagar, sin importar si la venta es con débito, crédito, en cuotas o por un monto específico, lo que permite ordenar mejor el flujo de caja y tomar decisiones con mayor seguridad”, agrega Revillot.
¿Por qué los comercios pueden pagar comisiones distintas?
Otro punto que genera confusión es que dos comercios, utilizando máquinas similares, pueden terminar pagando comisiones muy diferentes. Esto ocurre porque en muchos modelos la tarifa no depende solo del dispositivo, sino también de condiciones comerciales como el tipo de contrato, el rubro, el volumen de ventas estimado, la antigüedad del cliente o negociaciones posteriores.
Para entender el costo real de las comisiones, los comercios pueden seguir algunos pasos simples: revisar el total vendido en un período, compararlo con el monto efectivamente abonado, identificar cargos adicionales como arriendos o fees, y calcular el porcentaje real descontado. Si bien todos los procesadores de pago cuentan con plataformas para visualizar esta información, el ejercicio manual permite detectar diferencias y entender mejor el impacto de las comisiones en el negocio.