En medio de la creciente presión sobre los recursos marinos y el aumento de la pesca ilegal en distintas regiones del mundo, las autoridades marítimas enfrentan un desafío cada vez más complejo: la proliferación de los llamados “dark vessels” o embarcaciones “fantasma”.
Se trata de barcos que desactivan voluntariamente su sistema AIS (Automatic Identification System), utilizado globalmente para transmitir ubicación, trayectoria e identificación de las naves. Al apagarlo, desaparecen de los sistemas tradicionales de monitoreo marítimo, dificultando su trazabilidad en alta mar.
La preocupación también ha escalado en Sudamérica. En abril de este año, Chile participó junto a Argentina, Brasil y Uruguay en un taller regional para combatir la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR), donde las autoridades coincidieron en la necesidad de fortalecer la coordinación operativa e intercambio de información en el Atlántico Sur.
Según la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca), la pesca ilegal representa una de las principales amenazas para la sostenibilidad de los océanos y ha obligado a reforzar los mecanismos de fiscalización, inteligencia marítima y monitoreo tecnológico en la región.

El fenómeno ha sido documentado en distintas zonas del planeta, especialmente en áreas de alta actividad pesquera y cerca de zonas económicas exclusivas de países costeros. Diversas investigaciones internacionales han alertado sobre flotas que operan durante largos períodos sin emitir señal AIS, particularmente embarcaciones asociadas a pesca industrial de calamar en el Atlántico Sur y Asia-Pacífico.
Para Daniel Cleffi, CEO para Latinoamérica de ICEYE, este comportamiento refleja cómo las actividades marítimas ilícitas están evolucionando junto con la tecnología: “Durante años, apagar el AIS era una forma relativamente efectiva de desaparecer en el océano. Hoy vemos operaciones mucho más sofisticadas y coordinadas, donde las embarcaciones intentan evitar controles mientras se mueven entre límites marítimos o realizan transbordos en alta mar”, explica.
El problema, agregan especialistas, es que los sistemas convencionales dependen precisamente de que las embarcaciones quieran transmitir su posición. Cuando eso no ocurre, el monitoreo se vuelve considerablemente más difícil, sobre todo en zonas alejadas de la costa.
Frente a este escenario, el uso de imágenes SAR (Synthetic Aperture Radar) ha comenzado a ganar relevancia en el monitoreo marítimo global. A diferencia de los satélites ópticos tradicionales, esta tecnología utiliza radar para detectar objetos sobre la superficie del mar en cualquier condición climática, incluso durante la noche o con nubosidad intensa.
“La gran diferencia del radar satelital es que no depende de la visibilidad. Un barco puede apagar su sistema de identificación, operar de noche o en medio de tormentas, pero igual deja una huella física detectable desde el espacio”, señala Cleffi.
El tema se ha vuelto especialmente sensible en el Atlántico Sur, donde desde hace años se reporta la presencia de grandes flotas pesqueras extranjeras operando cerca de la milla 200, particularmente asociadas a la captura de calamar. Parte de estas embarcaciones realizan períodos prolongados sin transmisión AIS, dificultando el monitoreo tradicional y aumentando las alertas sobre posibles actividades no reguladas.
El avance de estas capacidades también ha permitido automatizar la detección de embarcaciones y el análisis de comportamientos sospechosos, facilitando la identificación de posibles actividades ilegales o movimientos anómalos en zonas marítimas sensibles.
“El monitoreo marítimo ya no pasa solo por seguir rutas. Hoy el foco está en entender patrones: cuándo una nave desaparece, cuánto tiempo permanece sin señal, dónde reaparece y qué tipo de comportamiento presenta”, agrega el ejecutivo.
Organismos internacionales y autoridades regionales han advertido que la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada representa una amenaza creciente para la sostenibilidad de los océanos, la seguridad alimentaria y las economías costeras. En Chile, Subpesca ha señalado recientemente que el combate a estas prácticas requiere avanzar hacia una mayor coordinación internacional, intercambio de inteligencia marítima y herramientas tecnológicas capaces de operar en altamar y en tiempo real
Finalmente, expertos coinciden en que la combinación entre inteligencia artificial, análisis de datos satelitales y monitoreo radar marcará una nueva etapa en la vigilancia oceánica, en momentos donde los océanos se transforman también en un espacio cada vez más estratégico desde el punto de vista económico, ambiental y geopolítico.