Moncinema

Llamadas ininterrumpidas, música a alto volumen, tráfico, notificaciones del celular e incluso electrodomésticos forman parte del paisaje sonoro cotidiano. Lo que suele pasar desapercibido es que esta exposición permanente al ruido no es inocua. 


De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), hacia 2050 más de 2.500 millones de personas en el mundo presentarán algún grado de pérdida auditiva, y al menos 700 millones requerirán rehabilitación. La contaminación acústica ya es considerada uno de los principales riesgos ambientales para la salud.   


En el caso chileno, el escenario no es menor. Más de 1,1 millón de personas viven con algún tipo de discapacidad auditiva, muchas veces sin diagnóstico ni tratamiento oportuno. Esto se explica, en parte, porque la pérdida de audición suele avanzar de manera gradual y silenciosa, sin síntomas evidentes en sus primeras etapas. 


Pero los efectos del ruido no se limitan al oído. Estudios han vinculado la exposición prolongada a altos niveles de sonido con aumento del estrés, trastornos del sueño, fatiga mental, problemas cardiovasculares y dificultades de concentración. 


¿Qué es la desintoxicación auditiva? 


Así como hoy se habla de desintoxicación digital o pausas del uso de pantallas, la desintoxicación auditiva propone algo igual de simple —y escaso—: reducir conscientemente la exposición al ruido diario para darle un descanso al sistema auditivo. 


El oído también necesita pausas. Vivimos en un entorno que no se detiene nunca, y eso genera una sobrecarga constante”, explica Luciano García, fonoaudiólogo de GAES Chile. El especialista enfatiza que no se trata de aislarse, sino de moderar, proteger y tomar conciencia del entorno sonoro. 


Los expertos coinciden en que pequeños cambios en la rutina pueden marcar una diferencia real en la salud auditiva y el bienestar general: 


  • Pausas de silencio: destinar al menos una hora diaria sin música, televisión ni dispositivos electrónicos.
  • Uso responsable de audífonos: mantener el volumen bajo el 50% y evitar sesiones prolongadas sin descanso.
  • Buscar entornos más tranquilos: parques, áreas verdes o espacios con menor carga sonora ayudan a reducir el estrés acústico.
  • Protección frente al ruido: usar tapones o protectores auditivos en trabajos, conciertos o ambientes con altos niveles de exposición al ruido.
  • Escucha consciente: distinguir entre sonidos necesarios y ruido innecesario, reduciendo estímulos superfluos.

   

Uno de los principales desafíos es que la pérdida de audición suele avanzar de forma silenciosa y progresiva, por lo que muchas personas no son conscientes de que la presentan hasta que impacta directamente su vida diaria o acceden a una evaluación especializada. En ese contexto, el cuidado del entorno sonoro y la detección temprana se vuelven claves no solo para prevenir daños mayores, sino también para mantener una buena calidad de vida. 


La audición es realmente importante para nuestra vida diaria, pero la mayoría de las personas no saben si presentan pérdida auditiva. Por lo que un primer paso, y el más relevante, es comenzar chequeando sus niveles de audición”, comenta el experto. 


Y agrega: “La hipoacusia es un problema común entre las personas mayores, que de no ser tratada de manera temprana puede tener un impacto significativo en su vida cotidiana, como desconexión social, aislamiento e, incluso, deterioro cognitivo. Esto puede ser hasta peligroso, porque pierden su capacidad de autosuficiencia y comienzan a aislarse. Por eso es fundamental que prestemos atención a la salud auditiva de nuestros adultos mayores y, de esta forma, garantizar que reciban la atención adecuada”.

Comentarios
* No se publicará la dirección de correo electrónico en el sitio web.