Columnas de opinión

Por Dra. Pamela Rojo, directora del Departamento de Cardio-Oncología de la Sociedad Chilena de Cardiología y Cirugía Cardiovascular.


Octubre nos recuerda la importancia de hablar del cáncer de mama, de su detección oportuna y de los avances que han permitido que cada vez más mujeres puedan superar esta enfermedad. Pero también es una buena oportunidad para ampliar la mirada: terminar un tratamiento contra el cáncer no significa necesariamente que todos sus efectos hayan quedado atrás. Entre ellos, debemos considerar la salud cardiovascular.


Hoy sabemos que algunos tratamientos utilizados contra el cáncer de mama pueden producir efectos sobre el corazón y los vasos sanguíneos. Determinados tipos de quimioterapia, terapias dirigidas y radioterapia pueden aumentar el riesgo de alteraciones cardiovasculares, que en algunos casos aparecen durante el tratamiento y en otros pueden manifestarse años después.


Dra. Pamela Rojo, directora del Departamento de Cardio-Oncología de la Sociedad Chilena de Cardiología y Cirugía Cardiovascular.

Aquí es donde la cardio-oncología cumple un papel fundamental. Esta área busca que los tratamientos contra el cáncer puedan realizarse de manera segura, identificando previamente los factores de riesgo cardiovascular, vigilando la función cardíaca durante las distintas etapas de la terapia y manteniendo el seguimiento cuando sea necesario. Las guías internacionales de cardio-oncología recomiendan precisamente una evaluación cardiovascular que acompañe al paciente antes, durante y después de su tratamiento.


También tenemos una oportunidad importante en la prevención. La hipertensión arterial, el colesterol elevado, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo y otros factores de riesgo cardiovascular no desaparecen cuando una persona recibe un diagnóstico de cáncer. Por el contrario, identificarlos y tratarlos oportunamente puede ser especialmente relevante en este contexto.


La buena noticia es que hoy contamos con más herramientas para anticiparnos a estas complicaciones. Una evaluación cardiovascular inicial, controles durante el tratamiento y un seguimiento posterior permiten detectar cambios de manera precoz y tomar decisiones junto al equipo tratante. La colaboración entre oncólogos, cardiólogos y otros profesionales de la salud es cada vez más importante.


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