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Las mañanas y las tardes son los momentos del día en que el paisaje santiaguino muestra la masividad de los habitantes que alberga, con sus calles llenas de automóviles, micros y transeúntes. En estas dos fracciones del día, como parte de una rutina, es necesario armarse de paciencia, prender la radio —que tiene sus peaks de sintonía justamente en estos lapsos—, y avanzar lentamente hasta llegar a destino. Mientras, los minutos corren, de forma sigilosa, pero despiadada a la vez. 


El índice internacional TomTom Traffic Indexuno de los estudios más citados a nivel mundial sobre congestión vehicular, que analiza datos reales de viajes anónimos y continuos para comparar rendimiento de tráfico entre ciudades y a través de los años, reveló que las y los conductores en Santiago perdieron 125 horas de su tiempo por estar en congestión vehicular durante 2025, un equivalente a 5 días y 5 horas de su año. Esta cifra representa un incremento de 8 horas y 56 minutos respecto de 2024. 


Si bien, estas cifras no posicionan a la capital chilena entre las ciudades con mayor congestión (se ubica en el puesto 69 de las 500 analizadas alrededor del mundo), sí representan un desafío creciente para la movilidad urbana, la logística de última milla y el desarrollo del comercio electrónico en la región. La medición arrojó que los conductores demoran un promedio de 23 minutos y 54 segundos en recorrer una distancia de 10 kilómetros, 39 segundos más que en 2024. Sin embargo, este tiempo aumenta a 30 minutos y 9 segundos en hora punta durante la mañana y 34 minutos y 53 segundos en hora punta durante las tardes, con velocidades promedio de 19.9 km/h y 17.2 km/h respectivamente. 


El aumento de la congestión vehicular en Santiago podría traducirse potencialmente en entregas más lentas, mayores costos operacionales, uso menos eficiente de las flotas y una experiencia de cliente que se ve afectada por retrasos e incumplimientos de ventanas horarias. En un contexto donde los consumidores ya están acostumbrados a entregas cada vez más rápidas y precisas, la congestión se transforma en un riesgo crítico para la competitividad del comercio electrónico”, plantea Carlos Díaz Ojeda, General Manager de DispatchTrack Latinoamérica. 


En Santiago, al igual que en las otras ciudades analizadas, el aumento de la congestión se debe principalmente a factores dinámicos, que son condiciones en constante evolución que impactan el flujo vehicular diariamente: obstáculos inesperados, accidentes de tráfico, obras y cierres de carreteras. Además, la lluvia, la nieve o la niebla pueden reducir la visibilidad y la tracción, lo que también tiene un impacto en el flujo vehicular. De hecho, los niveles de mayor dificultad se alcanzan a menudo en días con condiciones meteorológicas especialmente adversas. 


Díaz Ojeda destaca, en este sentido, la urgencia de adoptar estrategias y tecnologías que permitan enfrentar la congestión, principalmente a través de soluciones tecnológicas de movilidad inteligente. “Para mitigar los efectos de la congestión y mantener la velocidad de las entregas, las empresas deben apoyarse en herramientas como la optimización dinámica de rutas basada en tráfico en tiempo real, la planificación inteligente de despachos, el monitoreo en vivo de flotas y la comunicación proactiva con el cliente. Todo eso permite reaccionar rápidamente ante incidentes viales, reducir los tiempos de atascamiento y, por ende, la incertidumbre ante imprevistos. Esto es fundamental en un ecosistema como el actual, que exige altísimos estándares de cumplimiento en tiempos y calidad de entrega”, concluye.

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