Cada verano, miles de personas arriendan casas o departamentos en zonas costeras con la expectativa de desconectarse y descansar. Sin embargo, para muchos, esa pausa nunca llega. Playas con música amplificada, vecinos ruidosos, bares, fiestas nocturnas y discotecas ubicadas en sectores residenciales convierten el descanso en una exposición constante a ruidos molestos, con efectos directos en la salud auditiva y el bienestar mental.
Actualmente, más de 430 millones de personas en el mundo viven con pérdida auditiva discapacitante y las proyecciones indican que para 2050 la cifra podría superar los 700 millones, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). A esta realidad se suma un impacto menos visible, pero igual de relevante: los efectos del ruido prolongado en el estrés, la calidad del sueño y el equilibrio emocional.
Durante la temporada estival, la exposición sonora aumenta de forma significativa. Música amplificada en playas, locales nocturnos, eventos al aire libre y el mayor tránsito en zonas turísticas generan entornos donde el silencio prácticamente desaparece. “La combinación de ruido continuo, descanso fragmentado y falta de pausas auditivas puede provocar irritabilidad, fatiga, dificultades de concentración y un aumento de la ansiedad”, explica Víctor Astudillo, fonoaudiólogo de GAES Chile.
Este estrés sostenido no sólo se manifiesta a nivel emocional. Según explican especialistas, la ansiedad y el estrés pueden afectar directamente el funcionamiento del sistema auditivo. Cuando el cuerpo se mantiene en estado de alerta, la trompa de Eustaquio —encargada de ventilar el oído medio— puede no funcionar correctamente, generando sensación de presión o de oídos tapados, un síntoma común durante periodos de alta tensión.
Desde GAES Chile detallan que el estrés crónico también puede provocar constricción de los vasos sanguíneos y aumento de la presión arterial, reduciendo el flujo de sangre hacia el oído interno. “Esto puede afectar las delicadas células sensoriales responsables de la audición, que dependen de un suministro adecuado de oxígeno y nutrientes”, advierte el especialista.
Además, el estrés es una de las causas más frecuentes del tinnitus o zumbido en los oídos, una condición que suele intensificarse en momentos de ansiedad, generando un círculo vicioso. “Los altos niveles de cortisol, la hormona del estrés, pueden contribuir al daño de las células ciliadas del oído interno, que no se regeneran, afectando la capacidad auditiva de forma permanente”, agrega Astudillo.
El impacto no termina ahí. El estrés prolongado también puede alterar la comunicación entre el cerebro y el sistema auditivo, dificultando el procesamiento de los sonidos y generando una sensación de pérdida auditiva, incluso cuando no existe un daño estructural evidente. En otros casos, el estrés activa los músculos de la masticación, lo que puede provocar la sensación persistente de oídos tapados, especialmente en personas que aprietan los dientes durante el sueño.
Incluso, en situaciones de alta carga emocional, pueden aparecer episodios de pérdida auditiva temporal, producto de alteraciones hormonales y nerviosas asociadas al estrés. “Este estado también puede agravar otras condiciones de salud, como infecciones o trastornos autoinmunes, que afectan el oído interno”, señala el experto.
Frente a este escenario, desde GAES enfatizan que proteger la audición también es una forma de cuidar la salud mental, especialmente en contextos de alta exposición sonora como playas urbanas o zonas de entretención. Entre las principales recomendaciones destacan:
Identificar estas señales y ajustar hábitos cotidianos permite reducir el desgaste silencioso que provoca el ruido constante.