Hay películas que definen una época por su pirotecnia visual, y luego están las obras maestras que se instalan en nuestra biografía porque son capaces de hacernos recordar cómo se sentía el mundo cuando éramos niños. E.T., el extraterrestre, la joya de la corona de Steven Spielberg, es el testimonio definitivo de este cine corpóreo y analógico. Spielberg no nos cuenta una historia de ciencia ficción desde la distancia clínica de los científicos; nos encierra en la altura y la sensibilidad de un niño de diez años. A través de un uso magistral de la atmósfera suburbana, la cinta activa nuestros cinco sentidos para recordarnos el peso, el aroma y el calor de la verdadera conexión.
El producto está disponible para todos los clientes que adquieran cualquiera de los asientos ubicados en las tres primeras filas del avión, incluye la comodidad de embarcar y desembarcar primeros, contar con un espacio reservado en el compartimiento superior para el bolso de mano, un poco más de espacio para las piernas y un snack a bordo.